sábado, 17 de enero de 2009

ETUDIO BIBLICO

EL TESORO BÍBLICO

Por Guillermo McGrath- ©1985 usado con permiso

Capítulo 9

Los reglamentos bíblicos

La disconformidad y la no resistencia

La palabra reglamento significa una regla o ley por la cual se regula la conducta. La Biblia habla mucho acerca de reglas de conducta y de una vida santa. En el Nuevo Testamento el tema de reglamentos bíblicos puede ser resumido bajo tres puntos:

1. El origen de la regla: En Gálatas 6.14–16 el apóstol dice: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios.” Este pasaje demuestra claramente que aunque la regla del Antiguo Testamento es descartada (la circuncisión), esto no quiere decir que el cristiano está sin ninguna ley ni sin reglamentos, ¡sino que el origen del reglamento ahora es la ley de Cristo escrita en el corazón de la nueva creación! De este modo no abolimos la ley, sino más bien la establecemos sobre una base más sana y espiritual “para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8.4). Así que, andar “conforme a esta regla” significa andar en Cristo, andar en el Espíritu, andar en la luz de la palabra de Dios, por los principios claros de la palabra y por el poder del Espíritu Santo.

2. La aplicación de la regla: Puesto que la naturaleza carnal odia ser gobernada por cualquier reglamento, las personas de mente carnal podrán elevar la voz y decir: “La regla está en la Biblia y cada persona puede interpretar por sí misma cómo aplicarla”. Esto llevaría a la anarquía y rechazaría completamente el plan de Cristo para la iglesia. Ese plan incluye el deber de enseñarles “que guarden todas las cosas” que él nos ha mandado (Mateo 28.20). También rechazaría el privilegio de “atar y de desatar” (Mateo 16.19), o de hacer aplicaciones de principios de la Biblia y regular su cumplimiento. Además, el apóstol dice en Filipenses 3.16: “Sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa”. En otras partes el Nuevo Testamento recuerda a los miembros de la iglesia local a hablar “todos una misma cosa” (1 Corintios 1.10), a ser unidos en la misma mente, el mismo parecer, el mismo amor, etc. A menos que la iglesia regule la iglesia para realizar esta unidad bíblica, cada persona puede hacer lo que bien le parezca. Entonces el individualismo, la anarquía, y el liberalismo toman posesión de la iglesia.

3. La administración de la regla: La escritura provee también por la ordenación de ministros cuyo deber es enseñar y mantener los reglamentos. Hablando del obispo la Biblia dice: “Que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)” (1 Timoteo 3.4–5). Asimismo Hebreos 13.7, 17, 24 nos recuerda tres veces de nuestros deberes a los pastores: “Acordaos de vuestros pastores”, “obedeced a vuestros pastores”, y “saludad a todos vuestros pastores”. A pesar de que es claro que la Biblia dice: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos” (Hebreos 13.17), alguien replicará diciendo que esto se refiere sólo a hacer cumplir las reglas establecidas explícitamente en la Biblia. El obispo George Brunk replicó bien a esta objeción al decir:

La Biblia dice: Obedeced a Dios; obedeced a las escrituras; obedeced a la iglesia; obedeced a los obispos; obedeced a los padres; obedeced a los magistrados. Ahora si “obedeced a la iglesia y obedeced a los obispos” significa sólo obedecer las cosas mencionadas expresamente en la Biblia, entonces por el mismo proceso de razonamiento los hijos no tienen que obedecer a los padres en ninguna cosa que no está mencionada expresamente en la Biblia y los ciudadanos no tienen que obedecer a los magistrados y las leyes civiles excepto en lo que está dicho expresamente en las escrituras. Pero los magistrados tienen autoridad divina de hacer leyes y ordenanzas no mencionadas expresamente en la escritura para el bienestar civil, y los padres tienen autoridad divina de hacer reglamentos para sus hijos no mencionados expresamente en la Biblia para el bienestar del hogar. Asimismo la iglesia tiene autoridad divina de hacer reglamentos y restricciones no mencionados expresamente en las escrituras para el bienestar espiritual de la iglesia. En ningún caso el creyente tiene derecho de levantar su juicio particular contra los que tienen autoridad. Sobre este principio de sujeción voluntaria permanecen la estabilidad del hogar y de la iglesia, como también el bienestar espiritual y la salvación del individuo.

Así que es ampliamente claro que la Biblia requiere que la iglesia haga aplicaciones y reglamentos tocante a sus principios inmortales. De siglo a siglo y de iglesia a iglesia estas aplicaciones pueden diferir un poquito en cuanto a los detalles, pero ninguna iglesia jamás ha podido mantener ningún principio sin regular su aplicación. Donde no hay aplicación, ya no se encuentra el principio. Hay dos áreas grandes de reglamento bíblico que siempre son atacadas por el mundo y los que tienen una mente mundana: la disconformidad, y la no resistencia al mal. Estas doctrinas son tan contrarias al espíritu del siglo y a la mente carnal que son las primeras que son descartadas por una iglesia apóstata y rebelde. Aquí hay que afrontar honrada y francamente la pregunta: ¿Qué debemos hacer si la iglesia ya no mantiene los reglamentos de la Biblia tocante a la disconformidad y la no resistencia? El obispo Brunk, mencionado arriba, tenía una respuesta clara y franca:

Rehusa apoyar a cualquier hombre, institución, u organización en la iglesia que está a favor de abandonar los principios del atavío reglamentado, porque cuando esto se pierde, la regulación de doctrina y vida siguen en seguida, y nuestra vieja iglesia mártir está caída.... La tolerancia administrativa de la desatención y del rechazamiento de los reglamentos establecidos destruirá el conservatismo, o dividirá a la iglesia.... Los líderes, las congregaciones, y las conferencias conservadores serán obligados a apartar su comunión y su cooperación y formar una organización separada y claramente conservadora.

A. Los reglamentos de la Biblia sobre la
disconformidad

El capítulo 12 de Romanos es un resumen hermoso de la Biblia acerca de la conducta cristiana: el versículo 1 habla de la consagración (“presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo”); el versículo 2 habla de la disconformidad (“no os conforméis a este siglo”); los versículos 3–13 hablan de la unidad en la iglesia (“nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo”); los versículos 14–21 hablan de la no resistencia (“no os venguéis vosotros mismos”). Puesto que ya hemos hablado de la consagración en los capítulos sobre la salvación y la vida en el Espíritu Santo, y ya que hablaremos de la unidad en el capítulo sobre las iglesias bíblicas, queremos aquí enfocar nuestra consideración en la disconformidad y la no resistencia. Primeramente, ¿qué es el mundo para que la iglesia sea estrictamente mandada a no conformarse a él? En resumen, el mundo mencionado aquí no es la tierra geográfica, sino todo el sistema global de una sociedad pecaminosa bajo la dominación del príncipe de este mundo, Satanás. El mundo no sólo rodea a la iglesia y busca destruirla, sino también invade a la iglesia por medio de aquellos miembros infieles que llegan a tener una mente mundana. La Biblia dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama el mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2.15–16).

Así podemos ver que la conformidad al mundo es tan seriamente incorrecto porque claramente es cosa de seguir al príncipe de este mundo en vez de seguir a Cristo, el Príncipe de paz. “Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4.4). No debemos extrañarnos de eso puesto que el mundo crucificó a nuestro Señor y aborrece aún a su iglesia. He aquí varias maneras en que el cristiano practica la disconformidad al mundo